Comer con tiempo



La comida rápida descontrola el apetito y fuerza a consumir más alimentos

10/6/2008


"Durante una comida apresurada, una persona normalmente come más de lo que lo haría en unas condiciones más relajadas, y esto influye de manera directa en su sobrepeso u obesidad", aseguró Carlos Diéguez, investigador y presidente saliente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), en el marco del 50º Congreso Nacional de la organización.


Además, Diéguez explicó: "Los inconvenientes de la comida rápida no se reducen únicamente al mero balance nutricional de los ingredientes que llevan, sino que alcanzan a la propia costumbre de comer en poco tiempo". Y añadió: "Se ha constatado que en aquellas ocasiones en las que un individuo come de manera acelerada, los mecanismos biológicos que indican al cerebro la sensación de saciedad no se activan a tiempo, lo que se traduce en que la persona acaba ingiriendo mucha más cantidad de alimento y, consecuentemente, de calorías. Por lo que si se practica de forma más o menos habitual, puede tener unas consecuencias directas en un mayor sobrepeso o, incluso, obesidad".

El investigador abogó por una vuelta a una comida "en familia, reposada y tranquila, en la que los mecanismos de saciedad se activen de forma natural y se eviten atracones e ingestas excesivas de alimentos, de forma habitual".

Mecanismos de saciedad

"A medida que el estómago y el tracto intestinal reciben el alimento, experimentan cambios hormonales. Estas variaciones se transmiten a través del sistema nervioso central al hipotálamo, activando así, la sensación de saciedad del individuo", explicó Carlos Diéguez.

Hasta hace poco tiempo, estos mecanismo eran prácticamente desconocidos. Sin embargo, desde hace 10 años, "hemos ido conociendo más y más sobre ellos y se ha visto que son de una gran complejidad", afirmó el experto. "Por un lado, están los estímulos sensoriales, ya sean de origen visual, olfativo o gustativo, que son enviados a través del sistema nervioso central al cerebro. Otro tipo de estímulos se sitúan en el tracto intestinal, cuando el estómago está vacío, en estado de ayuno, manda unas señales estimuladoras del apetito que activan en el cerebro la sensación de hambre. De manera inversa, cuando ingerimos alimentos, el tracto gastrointestinal manda otro tipo de señales al cerebro provocando la sensación de saciedad y reduciendo el deseo de ingerir más comida", expuso Diéguez.

No obstante, existen componentes externos que pueden influir en el correcto control del apetito. Entre estos, Diéguez señaló: "La predisposición genética de cada uno, que puede favorecer la ingesta de determinados alimentos; y el componente hedónico -referido al placer que podemos encontrar ingiriendo ciertos alimentos- que provoca una sensación de recompensa que lleva a comer incluso cuando no se tiene hambre". Éste puede ser el caso del chocolate.

Adictos al cacao

Tal y como señala Carlos Diéguez, "existen personas con una adicción real al chocolate. Los últimos estudios apuntan a que existe un determinado condicionante genético que hace que algunas personas sean adictas al chocolate, mientras que otras no tengan apetencia hacia él".

Pero esta predisposición o adicción puede tener consecuencias en la salud. "La primera es que estas personas acaban ingiriendo una cantidad mayor de calorías a las necesarias por desgaste diario, favoreciendo la aparición de sobrepeso. Y la segunda, aumenta el riesgo de que se dejen de lado diversos tipos de alimentos esenciales para el organismo, simplemente porque el chocolate les gusta más", concluyó Carlos Diéguez.


 

En aquellas ocasiones en las que se come de manera acelerada, los mecanismos biológicos que indican al cerebro la sensación de saciedad no se activan a tiempo