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Con la llegada del verano debemos prestar más atención a los líquidos que ingerimos para mantenernos bien hidratados. Pero la hidratación no sólo va unida al consumo de agua, sino que también son válidos diferentes tipos de bebidas como los zumos, los lácteos o el té. El Prof. Dr. José Mataix, catedrático de Fisiología y Director de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Granada, nos explica la importancia de estar bien hidratados.
Es un hecho científico que durante este siglo el clima global está siendo alterado significativamente (cambio climático global) como resultado del aumento de concentraciones de gases invernadero. Una circunstancia que propiciará la exigencia del cambio en nuestras costumbres, empezando por la necesidad de una mayor y mejor hidratación.
"Ya se están manifestando algunas de las consecuencias del cambio climático. Ciertas alteraciones, como las que afectan a la flora y fauna silvestres no siempre son percibidas por los ciudadanos. Aunque éstos sí van a empezar a advertir algunos problemas asociados a lo que se denominan "fenómenos meteorológicos extremos", afirma el periodista José María Montero, experto en medio-ambiente. Es decir, las sequías, las inundaciones, las olas de calor...", añade.
Las olas de calor forman parte de los fenómenos meteorológicos extremos y, en el caso del cambio climático, esos fenómenos meteorológicos extremos van a ser más frecuentes e intensos. Las olas de calor son, en cierto modo, características del clima mediterráneo y han sucedido siempre con una cierta frecuencia. "Lo que ocurre es que, ahora, en este nuevo escenario de cambio climático, este tipo de olas de calor van a ser más frecuentes y más intensas, con un notable impacto sanitario en la población", añade este experto.
Durante los días de mayor calor, el organismo pierde entre dos y tres litros de líquido a través del sudor, la orina, la respiración y la transpiración de la piel. Para evitar una eventual deshidratación, y especialmente para niños y ancianos, los especialistas recomiendan incrementar el consumo de líquidos de dos a tres litros diarios.
Fenómenos más frecuentes e intensos
"El efecto más apreciable y visible en nuestro cuerpo, con la aparición del calor, es el aumento de la sudoración, precisamente como una forma de evitar el calor corporal", explica el Prof. Dr. José Mataix, catedrático de Fisiología y Director de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Granada.
Si las temperaturas se elevan mucho, podemos sufrir una pérdida muy destacable de agua corporal y eso puede conducir a la deshidratación. Si además eso ocurre en zonas húmedas, la sudoración aumenta gradualmente y, en estos casos, la cantidad de agua perdida y el riesgo de deshidratación también son mucho mayores.
"Nuestro estado de hidratación es como cualquier balance, tenemos entradas y salidas. Las salidas son muchas: pérdidas renales, fecales, pulmonares, pero siempre son más destacables las pérdidas por sudoración. Y los ingresos vendrían con el consumo de agua. El nivel de deshidratación o de hidratación va a depender de lo que bebo y de lo que saco. Si este balance está a favor de las pérdidas, aparecerá la deshidratación. Si está a favor de las ganancias, tendremos un buen estado de hidratación", explica.
"La solución siempre es beber en cantidad. Continuamente y en pequeñas cantidades. No hay otra solución. Hay personas que lo solucionan bebiendo solo agua y otras personas necesitan recurrir a otro tipo de bebidas, que también contienen agua, como las infusiones, zumos o refrescos, que podemos decir que son más atractivas para poder tomarlas, pero al final la solución es beber", afirma el Prof. Dr. José Mataix.
Colectivos en riesgo de deshidratación
"Toda la población puede sufrir el riesgo de deshidratción, pero en especial los niños, porque no tienen el sentido de la deshidratación (si están jugando no se dan cuenta de que tienen que beber); los ancianos porque tienen disminuida la sensación de sed y porque en muchas ocasiones intentan orinar menos para no tener nicturia; las muejeres embarazadas o durante la lactancia puesto que necesitan más agua por sus necesidades fisiológicas; y los deportistas, no profesionales (se entiende que éstos están educados en las exigencias de la práctica deportiva)", precisa este experto.
Por todo ello, el Prof. Dr. Mataix aconseja por una lado, "beber más líquidos de la sensación de sed que uno tiene, es decir, beber más de lo necesario para superar esa sensación erar que podemos notar". Y por el otro, "en cuanto a la calidad hay que aprovechar todos los recursos: hidratarse sólo a base de agua para muchas personas es posible, pero no para la mayoría que tienen que recurrir a otro tipo de líquidos que también contienen mucho agua como las infusiones, tés, zumos, néctares, refrescos, etc", matiza.
Pero no todas las bebidas son buenas. "El único problema es que muchas veces intentamos paliar nuestra sed con bebidas alcohólicas y el alcohol es un diurético que complica la hidratación", advierte el Prof. Dr. Mataix.
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Para evitar una eventual deshidratación, y especialmente para niños y ancianos, los especialistas recomiendan incrementar el consumo de líquidos de 2 a 3 litros diarios
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